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CORPS À CORPS, Historia(s) de la fotografía

La exposición “Corps à corps” del Centro Pompidou combina su propia colección de fotografías con la del célebre coleccionista Marin Karmitz, ofreciéndonos “una mirada única sobre las representaciones fotográficas de la figura humana en los siglos XX y XXI”.

Esta gran exposición, que reúne más de 500 fotografías y documentos, se divide en siete secciones: Los primeros rostros, Automatismo, Fulgurancias, Fragmentos, En soi, Interiores y Espectros.

La primera sección se justifica por el hecho de que “a principios del siglo XX, el rostro en primer plano se convirtió en un motivo recurrente en la obra fotográfica de las vanguardias”. Al mismo tiempo que se desarrollaba la exploración psicoanalítica del yo, el rostro – “aquello que nos prohíbe matar”, en palabras del filósofo Emmanuel Levinas- se convirtió en objeto de una investigación íntima y estética, con un gran juego de luces y sombras. En la sección “Automatismo”, la atención se centra en el uso de fotomatones (que aparecieron por primera vez en los años veinte), primero por artistas surrealistas y después por numerosos artistas activistas y contestatarios en los años sesenta, denunciando los estereotipos identitarios. Un punto de referencia que sigue estando de actualidad, ya que muchos artistas contemporáneos siguen jugando con sus códigos estéticos, no sin sentido del humor: frontalidad, serialidad y el anonimato que resulta de la descontextualización de la imagen tomada sobre un fondo neutro.

Reinventado rostros

En “Fulgurances“, vemos entonces estos momentos de magia capturados al vuelo – gestos, miradas, posturas divertidas, serias o tiernas robadas al tiempo, que dicen mucho sobre la interioridad y las relaciones humanas… “La fotografía es el instinto de cazar sin el deseo de matar. Es la caza de los ángeles… Acechas, apuntas, disparas y -¡snap! en lugar de un muerto, haces un eterno”, como decía en 1966 uno de estos fotógrafos visionarios, Chris Marker.

Dorothea Lange (con sus medias zurcidas de 1934), Jakob Tuggener (con sus cuerpos truncados de marineros en 1947) y Eugène Smith a finales de los sesenta, por su parte, muestran cuerpos fragmentados, rotos por el encuadre, durante la toma o durante la impresión. Aunque la sensualidad del cuerpo se multiplica a menudo por diez en estas “imágenes fetiche”, también tienen una fuerza dramatúrgica definida, ya que cuentan historias de deseo, esfuerzo y dolor que van más allá del cuerpo erotizado…

Cuerpos fragmentados

Blind Ingrid (White Eyes) (2002), de Douglas Gordon, es una verdadera alegoría de la interioridad, que introduce la sección titulada “En uno mismo”. El rostro de Ingrid Bergman, escultural en un poderoso claroscuro, parece inalcanzable, como tantos otros rostros absortos en sus propios pensamientos, a los que el fotógrafo, y el espectador, permanecen ajenos. Lo mismo ocurre, hasta cierto punto, con los cuerpos fotografiados en espacios cerrados, a los que se dedica la sección “Interiores”. Lo mismo ocurre con los cuerpos fantasmales de la última sección, titulada “Espectros”. Mediante el registro de reflejos (Lisette Model, First Reflexion, Nueva York, 1940), el uso de desenfoques, fotomontajes (Val Telberg, Rebellion Call, 1953) y otros efectos de solarización, estos “fantasmas” desdibujan los límites de la realidad tradicionalmente asociados al campo fotográfico, y abren toda una serie de nuevas perspectivas…

STÉPHANIE DULOUT

« Corps à corps. Histoire(s) de la photographie »

Hasta el 25 de marzo

Centre Pompidou

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Francia – Paris

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