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FOCUS / UNA OBRA DE LA COLECCIÓN DE LA FUNDACIÓN LOUIS VUITTON ANIMITAS DE CHRISTIAN BOLTANSKI

300 campanas japonesas colgadas de largas varas en la inmaculada blancura de un paisaje del fin del mundo (Ile d’Orléans en Quebec) nos hacen oír en su suave tintineo “la música de las estrellas y las voces de las almas flotantes” (Christian Boltanski, sic).

Artiste © Adagp, Paris,
Photographique © Louis Vuitton / Jérémie Souteyrat

Filmadas en secuencia larga, desde el amanecer hasta el atardecer, nos acunan, nos encantan, nos hipnotizan… y adquieren, más allá de su frágil belleza, una presencia sorprendente. La belleza plástica y la fuerza poética de esta obra de Christian Boltanski (1944-2021) son fascinantes.

La obra forma parte de una serie de instalaciones al aire libre situadas en medio de grandes espacios aislados y, por tanto, destinados a desaparecer, inspiradas en los pequeños altares en honor a los muertos que hay en los bordes de las carreteras de Chile. La primera versión de estas Animitas (“pequeñas almas”) tuvo lugar en 2014 en el desierto de Atacama, Chile, la segunda (El bosque de los susurros) en la isla de Teshima, en Japón, en 2016, y la última (Madres muertas), en los acantilados que dominan el Mar Muerto, en 2017. Miles de almas están ligadas a estos lugares que el artista ha querido vincular a nuestro mundo a través del poder de la oración y la contemplación.

Artiste © Adagp, Paris,
Photographique © Louis Vuitton / Christian Kain

Estas piezas son una alegoría de la fragilidad de la memoria y del paso del tiempo Además, completan el gran “fracaso” que, para Boltanski, constituía toda su obra (pues ¿cómo luchar contra el olvido si todo desaparece, todo se borra?). Sus exposiciones vinieron después de los álbumes de fotos, registros, cajas, Relicarios, Tumbas y otros monumentos a los muertos. Tantas huellas y fantasmas del pasado…. Entre estas últimas, varias obras se hacen eco de las Animitas (“Siempre hacemos más o menos la misma obra”, dijo el artista poco antes de su muerte en 2021). Así, las Velas (1986) que hacen parpadear un grupo de pequeñas figuritas, o los Espejos negros (2005) que reflejan la imagen de espectros, de reflejos a punto de desaparecer -como el de una bombilla que parpadea al ritmo de los latidos de un Corazón, durante la última retrospectiva del artista en el Centro Pompidou en 2020. Sobre todo, Les Linges, carros cargados con montones de sábanas de lino blanco, presentados rodeados de los Esprits, fantasmales rostros infantiles, apenas visibles, proyectados en las paredes de la Marian Godman Gallery durante la última exposición dedicada al artista en vida.

Superando la materialidad de la obra para acercarse al mito, estos desfiles, al igual que las Animitas, alcanzan una forma de ritual colectivo, donde lo íntimo y lo universal se funden; sin embargo, por su dimensión sonora, las pequeñas campanas que hacen resonar la “voz de las almas flotantes” parecen alcanzar la última etapa de la búsqueda del artista, que si asimilaba la escultura al “arte del espacio”, veía en la música “el arte del tiempo”.

https://www.fondationlouisvuitton.fr/fr/collection/oeuvres/animitas-blanc

Stéphanie Dulout