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Bill Viola : Exposición Submersif

Inmersiva, intemporal, eminentemente mística y sensual, la obra de Bill Viola nos fascina tanto como nos perturba. Fascinante por su monumentalidad y por la solemne lentitud con la que se despliegan las imágenes, nos sumerge en un torrente de lluvia y arroyos oníricos o cataclísmicos, haciéndonos zozobrar en el naufragio de cuerpos y pensamientos.

Flujo, goteo, engullimiento, chorro, inmersión, Transfiguraciones, Espejismo… Para Bill Viola, a quien le gusta hablar del deslumbramiento que sintió ante la belleza del mundo transfigurado por la luz azul, la luz submarina, cuando se salvó de morir ahogado a los seis años, el agua es una alegoría de la vida.  Desde el nacimiento hasta la muerte, es un “viaje por la vida”, a través del espacio y el tiempo, que nos ofrece cada una de sus exposiciones.  Como Caronte en la mitología griega conduciendo las almas de los muertos en su barca al otro lado de la vida, Bill Viola nos conduce, no al más allá, sino por el río impermanente del tiempo para sumergirnos en el “gran pozo” de la condición humana. Una inmersión en el sentido literal, porque para él todo lo que es fluido contiene vida, todo lo fluido es una fuerza viva: la sangre que corre por nuestras venas, el flujo eléctrico que circula por los hilos y cables (invisibles) que alimentan sus vídeos. Así, con toda naturalidad, el artista estadounidense empezó a concebir sus pinturas en movimiento y sus monumentales instalaciones de vídeo como obras verdaderamente inmersivas.

En 1973, para no encerrar sus vídeos en una caja, los proyectó sobre grandes superficies, que pronto adquirieron dimensiones monumentales, dando a sus cuadros vivientes la apariencia de gigantescos frescos en movimiento. Como si carecieran de gravedad, crean una especie de huis-clos, espacios flotantes, fuera del tiempo, en los que se invita al espectador a sumergirse y dejarse invadir por las emociones que despierta la extraña coreografía acuática de los cuerpos sumergidos que fluyen o estallan en llamas. Esta extrañeza nacida de la ampliación y la ralentización de la imagen -pero también de su multiplicación y metamorfosis continua, entre aparición y desaparición-, acentuada por la teatralidad de los decorados y las posturas que evocan la pintura manierista de finales del Renacimiento, confiere a estas secuencias de vida el poder simbólico de los sueños.

Exposición en el museo  Amos Rex d’Helsinki 

Disponible hasta el  27 de febrero de  2022
www.amosrex.fi

Stéphanie Dulout

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