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Maurizio Cattelan – The last judgement

Los títulos de cada una de sus exposiciones suenan como repiques de muerte y resuenan como admoniciones. Así que, después de Not Afraid of Love, la profundamente conmovedora retrospectiva en la Monnaie de París en 2016, Amen en Varsovia en 2012 o Breath Ghosts Blind, su exposición XXL en el Hangar Bicocca de Milán (ver Acumen n° 14 ), llega para su primera exposición individual en China, la estrella italiana del arte contemporáneo y pone en escena su presentación: The Last Judgment. Un caos bien ordenado, elaborado en homenaje al gigantesco fresco del Juicio Final de la Capilla Sixtina, excepto que esta vez cuenta con una apariencia de Apocalipsis o de marcha fúnebre…

En esta obra, reunidas en una especie de danza de la muerte en un espacio abierto, las esculturas e instalaciones presentadas como tantos memento mori, muestran toda la gravedad de la obra, demasiado a menudo reducida a su iconoclasia e irreverencia… Más allá de las provocaciones, por tanto, pero también de la puesta en escena falsamente narcisista del artista estrella, se nos ofrece una meditación sobre la muerte, la soledad y el vagabundeo… Además de la caída de Miguel Ángel, de los cuerpos aglutinados de los condenados succionados en las simas del Infierno,  esta pieza tiene como contrapartida la decadencia y el deterioro de los cuerpos fantasmales y solitarios de Cattelan o de los cadáveres agrietados y abandonados.

De este modo, vemos en “The last judgment”, cuerpos encogidos (como los clones miniaturizados del artista que aparecen subrepticiamente aquí y allá, sentados en el borde del vacío o saliendo de un agujero abierto…); cuerpos etiolados (como sus dos dobles falsamente moribundos que yacen uno al lado del otro en una cama tipo ataúd… ); cuerpos acurrucados en el suelo y petrificados en el mármol blanco; cuerpos sacrificados (como el de la ardilla suicida esparcida por la mesa de fórmica de la cocina de su muñeca o los estremecedores restos del caballo atravesado por un cartel con las siglas cristianas INRI)…. Cuerpos colgados como ahorcados o empotrados en las paredes… Cuerpos enterrados con apariencia de yacentes (como Zhang San, el vagabundo bajo su sucia manta picoteada por las palomas…). Cuerpos reducidos a la ausencia (un nombre escrito en neón, botas viejas donde han crecido las plantas…), a los estigmas (pies monumentales manchados) o a los gestos de súplica (manos en oración saliendo de las arenas movedizas)…

Sin duda la dramaturgia del cuerpo de Maurizio Cattelan, a menudo caricaturesca e irreverente, es profundamente macabra y, a pesar de las apariencias, a menudo mística. ¿Es este, acaso, un signo de los tiempos? El Juicio Final lo atestigua con una agudeza inquietante: nunca antes su tumba, excavada en el suelo (por primera vez en 1997), había sido tan profunda, y su montículo de tierra contiguo tan prominente… En cuanto a las alegres acrobacias de sus esqueletos, que no se tomaban en serio en el pasado (en el siglo anterior…), han adquirido una dimensión trágica completamente nueva…

Stéphanie Dulout

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