Suspendido entre el cielo y la tierra, el aquí y el otro lado, las tierras carbonizadas y las aceras o las nubes Envuelta en pájaros, la mirada aguda y penetrante de Graciela Iturbide ha captado la extrañeza del mundo. Esta mirada, en busca de lo incongruente, de la poesía que se esconde en lo cotidiano, ha trastocado los límites de la fotografía documental, llevándola hacia el mundo de las quimeras, hacia un realismo mágico y visionario.



Figura importante de la fotografía latinoamericana, formada en los años 1970 por Manuel Àlvarez Bravo, premio Hasselblad en 2008, la fotógrafa mexicana es protagonista de una amplia retrospectiva en la Fundación Cartier que reúne más de 200 imágenes, desde obras “icónicas” hasta las fotografías más recientes, incluyendo una serie en color (realizada especialmente para la exposición) en la que destaca su trabajo en blanco y negro, atrapado en “formas, luces y sombras”.
“Busqué la sorpresa en lo ordinario, algo ordinario que podría haber encontrado en cualquier otro lugar”. explica la mujer que le dio alma extra a Los que viven en la arena (Los que viven en la arena, una serie realizada en 1978 en la comunidad seri, entre los indígenas del desierto de Sonora), sino también a la cholos, sordomudo Chicanos de la oeste de Estados Unidos (Banda de la Cerca Blanca, 1986-1989), y que inmortalizó a las mujeres de Juchitán, herederas de la cultura zapoteca, en el valle de Oxaca (México).
La sorpresa, lo insólito, será así su acicate, su brújula, durante todas sus peregrinaciones, en México pero también en Alemania, España, Ecuador, Japón, Estados Unidos, India, Madagascar, Argentina, Perú, Panamá, entre los años 1970 y 1990.



Para mí, la fotografía es un ritual. Salir con mi cámara, observar, capturar la parte más mítica del hombre, luego penetrar en la oscuridad, revelar, elegir lo simbólico. declara Graciela Iturbide. También se comprende el extraño poder que emana de sus fotografías, que, por su alcance simbólico, su aura «mítica» y su «extrañeza inquietante», superan con creces la fotografía documental. Su famosa Nuestra Señora de las Iguanas, Coronada de iguanas (vivas), tiene la mirada atemporal y el porte de una reina; al igual que su joven muchacha con traje zapoteca, y todos los hombres y mujeres indígenas que ha inmortalizado: siluetas hieráticas aisladas en el árido paisaje de las grandes llanuras desérticas o fotografiadas en encuadres ajustados, tienen esa extraña presencia ausente de lo vivo magnificado en seres legendarios…
Una atemporalidad aún más perceptible en los paisajes vacíos de presencia humana y en las inusuales naturalezas muertas, que rozan la abstracción, creadas a lo largo de las últimas tres décadas: cielos ennegrecidos por pájaros, campos de girasoles marchitos, tocones de árboles, zarzas invadiendo las arenas, rocas encordadas o hechas jirones… tantos fantasmas o memento mori: la muerte acecha en las tierras áridas y eminentemente simbólicas de Graciela Iturbide…
Exposiciones Graciela Iturbide – Heliotropo 37
hasta el 29 de mayo
Fundación Cartier – París – www.fundación.cartier.com
Estefanía Dulout





